Y viéndote llorar una vez más, me trasladas a ese oscuro espacio en que me quedé hace un par de años, cuya cantidad no recuerdo. Viendo una lágrima tuya caer, me doy cuenta lo grande que estás y lo lindo que te has puesto y me pregunto, qué sentí cuando pasé por lo mismo que te toca pasar a ti hoy.
Apenas recuerdo aquello
que sentí cuando lloré por un ‘desamor’ y más aún por una decepción, pero lo
que sí se me ha quedado grabado en el corazón es todo lo que tuve que aprender
para resistir el dolor y todo lo que hoy puedo transmitirte en este abrazo de
hermana que me conmueve hasta las
lágrimas.
Lloro contigo hoy
porque estas lágrimas nos preparan para una risa mañana. Este dolor que hoy
sientes te dará la fortaleza que ningún otro hecho podría darte y cuando menos
lo pienses estarás nuevamente abriendo las puertas de tu alma y tu corazón a la
persona que será para ti. Apenas recuerdo la sensación de dolor en el corazón,
pero lo que se me ha quedado grabado en todos mis recuerdos es esta frase que
Dios me regaló del cielo, cuando mis lágrimas caían por el temor a estar sola y
sin nada: ‘Si supieras quién viene, no llorarías por quién se va’.
Y hoy, después de estas
tórridas noches, después de los cielos nublados y los días sin sol, siento que
Dios ha recompensando todas las lágrimas que derramé por la sensibilidad de mi
alma. No me las arrebataron, yo las ofrecí por dolor. Y como te dije hoy y te
recordaré siempre, todos nosotros tenemos una misión en esta tierra. Gracias a
la nobleza con la que nos criaron nuestros papás, tú y yo amamos con intensidad
y sin límites, con la misma intensidad por la que sientes que diste más de lo
que merecían y con la misma seguridad por la sientes que sacrificaste cerca de
tres años de tu vida.
Esta maravillosa
experiencia que nos une a mí en mi recuerdo y a ti en tu dolor, hace que
encuentre aún más razón en la preciosa “el sentido del sufrimiento” de nuestro
Beato amigo Juan Pablo II. Y así como ofrecí mi dolor por las familias rotas
del mundo, recojo este maravillosa bendición de mi boda para demostrarte
hermanito precioso, que Dios siempre tiene mejores cosas y personas para
nosotros. Sólo piensa que cumpliste tu misión con ella y ahora te toca ser el
ángel de otro ángel. El dolor nos acerca más a Dios, pero sólo el amor nos asemeja más a
él.
