sábado, 19 de mayo de 2012

Una lágrima cae




Y viéndote llorar una vez más, me trasladas a ese oscuro espacio en que me quedé hace un par de años, cuya cantidad no recuerdo. Viendo una lágrima tuya caer, me doy cuenta lo grande que estás y lo lindo que te has puesto y me pregunto, qué sentí cuando pasé por lo mismo que te toca pasar a ti hoy.

Apenas recuerdo aquello que sentí cuando lloré por un ‘desamor’ y más aún por una decepción, pero lo que sí se me ha quedado grabado en el corazón es todo lo que tuve que aprender para resistir el dolor y todo lo que hoy puedo transmitirte en este abrazo de hermana  que me conmueve hasta las lágrimas.

Lloro contigo hoy porque estas lágrimas nos preparan para una risa mañana. Este dolor que hoy sientes te dará la fortaleza que ningún otro hecho podría darte y cuando menos lo pienses estarás nuevamente abriendo las puertas de tu alma y tu corazón a la persona que será para ti. Apenas recuerdo la sensación de dolor en el corazón, pero lo que se me ha quedado grabado en todos mis recuerdos es esta frase que Dios me regaló del cielo, cuando mis lágrimas caían por el temor a estar sola y sin nada: ‘Si supieras quién viene, no llorarías por quién se va’.

Y hoy, después de estas tórridas noches, después de los cielos nublados y los días sin sol, siento que Dios ha recompensando todas las lágrimas que derramé por la sensibilidad de mi alma. No me las arrebataron, yo las ofrecí por dolor. Y como te dije hoy y te recordaré siempre, todos nosotros tenemos una misión en esta tierra. Gracias a la nobleza con la que nos criaron nuestros papás, tú y yo amamos con intensidad y sin límites, con la misma intensidad por la que sientes que diste más de lo que merecían y con la misma seguridad por la sientes que sacrificaste cerca de tres años de tu vida.

Esta maravillosa experiencia que nos une a mí en mi recuerdo y a ti en tu dolor, hace que encuentre aún más razón en la preciosa “el sentido del sufrimiento” de nuestro Beato amigo Juan Pablo II. Y así como ofrecí mi dolor por las familias rotas del mundo, recojo este maravillosa bendición de mi boda para demostrarte hermanito precioso, que Dios siempre tiene mejores cosas y personas para nosotros. Sólo piensa que cumpliste tu misión con ella y ahora te toca ser el ángel de otro ángel. El dolor nos acerca más a Dios, pero sólo el amor nos asemeja más a él.